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julio 24, 2019 Columna de opinión

¿Por qué marchar el 26 de julio? #MarchemosPorLosLíderes #26dejulio

Luis Manuel Castro Novoa *

En IusDigna consideramos que, además de expresar vigorosamente nuestro rechazo por los asesinatos, existen, al menos, tres razones que explican la importancia de la marcha del próximo viernes 26 de julio.

Después de que circularon las duras imágenes de desconsuelo del hijo de la lideresa María del Pilar Hurtado, asesinada en Tierralta (Córdoba), un grupo de personas articulado alrededor de la iniciativa “Defendamos la Paz” decidió convocar a una marcha el próximo 26 de julio para pedir que cesen los asesinatos de líderes y lideresas sociales en el país. Durante las últimas semanas, a esta convocatoria se han venido uniendo decenas de personajes de la vida pública como miembros de la academia, líderes de opinión, representantes de diferentes iglesias, medios de comunicación, artistas e incluso miembros del propio gobierno. Todos han manifestado la necesidad de decir “no más” a la violencia sistemática en contra de quienes decidieron levantar su voz para exigir el respeto y la garantía de sus derechos y los de sus comunidades.

La movilización que se realizará este viernes cuenta con una programación en varias ciudades dentro y fuera del país. Sin embargo, antes de salir a las calles, vale la pena preguntarse por qué es tan significativa e importante la participación en esta marcha. En IusDigna consideramos que, además de expresar vigorosamente nuestro rechazo por estos asesinatos existen, al menos, tres razones poderosas que explican la necesidad de acompañar esta movilización:

Primera: ir más allá de la simple indignación digital. En estos tiempos de redes sociales es frecuente ver cómo las noticias llegan a diversos públicos en cuestión de segundos y cómo muchas de estas noticias generan reacciones inmediatas. Sin embargo, frente a estas muertes violentas la sociedad necesita ir más allá de esa indignación primaria que suele ser, a la vez, efímera. Tratándose de seres humanos asesinados como consecuencia de sus reivindicaciones, una molestia en abstracto es insuficiente. La marcha del viernes constituye una oportunidad valiosa para que como sociedad nos enteremos de quiénes eran, a qué se dedicaban, cuáles eran sus batallas diarias y por qué, posiblemente, fueron asesinados. Ello será posible gracias a las iniciativas de aquellos grupos y organizaciones de la sociedad civil que estarán el viernes y que se han esforzado, a través de diversas formas, en ponerle nombres, rostros y contar las historias de cada uno de los líderes y lideresas muertas a manos de los violentos.

Segunda: construir un consenso social sobre lo inaceptable. La movilización del 26 de julio nos permitirá hacer empatía con el dolor que genera la pérdida de esas vidas y ello contribuirá a que, por encima de nuestras convicciones y/u orientaciones políticas, construyamos un consenso social sobre lo inaceptables que nos resultan los asesinatos de los líderes y lideresas. Es importante visibilizar que más allá de nuestras preferencias o afiliaciones partidistas esas vidas son valiosas y que estamos dispuestos a expresar solidariamente y con vehemencia nuestro rechazo frente a las actitudes violentas en su contra. En una democracia precaria como la nuestra, este tipo de muestras de repudio constituyen una forma de cultivar nuestras emociones y actitudes políticas de cara a la construcción social de la paz en los territorios.

Tercera: exigir a las autoridades locales y nacionales medidas concretas para garantizar la vida de los líderes y lideresas. El viernes es un día no solo para enviar un mensaje de desaprobación a los violentos sino también para recordarle a las autoridades públicas, locales y nacionales, que el Estado tiene un deber especial de protección respecto de la vida de los líderes y lideresas. Que ese deber implica la adopción de medidas concretas dirigidas a satisfacer las obligaciones internacionales de respeto y garantía, las cuales comprenden no solo la prevención, sino también la investigación y la sanción efectiva de las muertes ocurridas. La marcha nos permitirá señalar también que el cumplimiento de estas obligaciones no se consigue relativizando las cifras de dichas muertes, ni desconociendo su sistematicidad o invisibilizando la condición de líderes como causa de los asesinatos por los cuales marcharemos.

Por el contrario, el viernes será un día en que le podremos exigir a las autoridades que brinden garantías a los procesos de exigibilidad de justicia social en las regiones, que comprendan el profundo valor democrático de las personas que lideran estos procesos y que, sobre todo, sientan pudor por todos aquellos casos en los que el Estado al día de hoy ha fallado en su deber de darles protección.

Por estas tres razones –(i) la importancia de ir más allá de la simple indignación digital; (ii) la necesidad de construir un consenso social sobre lo inaceptables que son las muertes violentas y (iii) la importancia de exigir a las autoridades medidas concretas de respeto y garantía frente a la vida de los líderes y lideresas– en IusDigna consideramos un imperativo ético participar en la movilización de este viernes.

* Miembro de IusDigna, una corporación sin ánimo de lucro que agrupa a profesores y profesoras universitarios comprometidos con la realización de los derechos protegidos por la Constitución Política de 1991, los tratados internacionales de derechos humanos y derecho internacional humanitario.

www.iusdigna.org Twitter: @Ius_Digna

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